¿Dónde empieza el problema?

No comment

Este suceso de hace algunos días, que trata de un alboroto en un cine de Lima, donde se mezcla racismo, violencia física, indiferencia, y sobre el cual tanto se discute y se argumenta, fue presentado en el blog de Gustavo Faverón y descrito por él (de él son las citas entre comillas que relatan la situación). Lo analiza fructuosamente. Comenté en él, como muchos otros. Trato de organizar mis dos comentarios como un razonamiento aquí para llegar a una conclusión.

LOS PROBLEMAS: UBICACIÓN EN LO SUCEDIDO.

1. "Un grupo de adolescentes de clase media, hacen alboroto, hablan a gritos, causan desmanes (manipulan un extinguidor, por ejemplo)"

Hasta aquí, ninguna persona hizo nada. ¿Por qué? Esto ya es violencia. La idea de respetar al otro es curiosa: justifica no meterme en líos públicos, donde el otro soy yo.

2. "Una pareja de adultos de origen humilde les pide que guarden compostura".

Lo de origen humilde parece ser un eufemismo,  léase: "de raza no blanca o de clase alta", supongo.

Aquí se presenta un ciudadano que reconviene a un adolescente, una persona responsable y ofendida. Lo que ninguno de los otros presentes, probablemente del mismo estrato social que el adolescente, hizo. Y seguro que no ha podido ser demasiado agresiva (porque es de un "inferior" a un "superior").

3. "Uno de los chicos se dirige a la señora con un insulto racista."

Más violencia, sin control, y se supone que hay amigos del padre del chico, es decir, en presencia de otros adultos de la misma "raza". Por lo tanto, hay sanción social del insulto y del comportamiento anterior. Eso ya es sancionar la violencia, si es que la realiza un miembro de mi clase social.

4. "La señora reacciona extralimitándose, le da una cachetada; el chico devuelve el golpe"

La primera cachetada es una reacción, si la hubiera dado un miembro de la misma "raza" del chico, ¿éste hubiera contestado? Lo dudo. Y si lo hiciera, está tan fuera de sí que puede romper sus propias convenciones sociales. Esto es significativo: deterioro de límites.

5. "El esposo de la mujer interviene, recibe más insultos racistas; reacciona aun más violentamente, golpea al muchacho, lo saca a rastras de la sala."

Una vez que los límites se rompen, la escalada se dispara, ya no toman en cuenta quiénes son, dónde están. Simplemente, reaccionan.

6. Quien puso la situación en este contexto es el adolescente. Y el grupo social no le mostró los límites. Simplemente, no actuaron como ciudadanos, excepto la señora que lo reconvino. Pero el problema no es el adolescente, cuya conducta debió ser orientada desde que empezó a hacer desmanes. Es el comportamiento de las personas que miran para otro lado. No les interesa ni la conducta irregular del adolescente ni su racismo. Ellos fueron los que causaron el problema específico y son los que condicionan la continuidad de los mismos problemas: la pasividad ante lo que está mal. Y muchas cosas están mal: la conducta infame de los adolescentes, el racismo (ahí y en todos lados), la falta de control y la violencia física como una conducta posible (en ambos casos), la sanción social de la inconducta.

7. ¿Adónde iremos con chicos descontrolados, ciudadanos indiferentes, racismo, descontrol de adultos, amigos irresponsables y encubridores, etc.? Parece una sociedad que hace agua por todos lados.

ANÁLISIS DE LOS COMENTARIOS-OPINIONES SOBRE LOS HECHOS EXPUESTOS

Es raro, para mí al menos. Generalmente en los comentarios se parte de un punto que es el que más impresiona a la persona que lo hace. Entonces, todos discuten sobre puntos distintos y parten a buscar razones para el punto. Por eso es fácil encontrar razones para esto o aquello. Luego, todos quedamos en nuestras trincheras, sin avanzar nada. Quizá alguno se impresione por la razón de otro y lo "motive" a cambiar de perspectiva. Pero, en el fondo, no llegamos a nada. Si no nos ponemos de acuerdo sobre lo que vamos a llamar "los hechos mínimos que todos aceptamos" y vemos sus causas y factores, seguiremos dando impresiones y no explicaciones, es solo cuestión de "opiniones" y no de llegar a una conclusión razonable. Creo que las opiniones son respetables, pero no sirven para tomar acciones. Entonces, solo opinar es inútil. Finalmente, ¿en qué estaríamos de acuerdo y qué debemos hacer?

Es decir, algunas opiniones deben ser desechadas porque no sirven para corregir aquello que estamos de acuerdo razonadamente en que està mal. Y nadie debe ofenderse por ello. ¿Alguien hará esto con todo lo que se ha dicho de este caso?

Supongamos que diga lo siguiente:

"las personas que no intervinieron en el problema (y se hicieron de la vista gorda) deben ser sancionadas"

Si hubiese hecho esto, no se habría llegado a esos extremos. Esto está sustentado con el análisis que hice en mi comentario anterior. La no intervención debe ser sancionada. Me amparo en una frase que supongo es suficientemente ética: "Si eres neutral en situaciones de injusticia, estás de lado del opresor" (Desmond Tutú).

Esta no es una opinión, es una propuesta que parte del análisis ampliado de la situación. Me imagino que se puede analizar mejor, pues no soy ni sociólogo ni abogado ni filósofo de ética. Son los que deben plantear un análisis de este tipo de situaciones y es lo que debe exigir los medios de comunicación y lo que deberíamos "airear" como personas de la comunidad, no solo dedicarnos a opinar y argumentar.

CONCLUSIÓN

Not so stable

Una cita, hallada hace poco pero oída desde el fondo de siempre, me ayuda a enfocar mi conclusión: "Nada en la vida es para ser temido, es únicamente para ser comprendido" ([Nothing in life is to be feared, it is only to be understood.], Curie, Marie). Tendemos a pensar que la vida es para vivirla, no para comprenderla. Pero, ¿qué significa vivir sin comprender? Vivir de reacciones, impulsos, emociones, sentimientos: todas las experiencias son unidimensionales, apegadas al momento. Se puede hacer ambas simultánemente: vivir y comprender, incluso comprender le da sentido y convierte a las experiencias en sustanciosas, jugosas, sugerentes, prometedoras, vibrantes hasta alcanzarnos a lo lejos en el tiempo. Por eso, pensar lo que sucede mientras sucede es una tarea de cada uno, vivir el momento, sus causas y sus consecuencias simultáneamente (es una tarea formativa, ¿no?). Y, sentir con el cerebro, pensar con el corazón, me digo siempre. Así.

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SER en un mundo virtual

184-What's On Mikey's Mind?

¿Qué nos define en el mundo virtual? ¿Realmente todas las formas de definir al ser humano se agotan en este nuevo mundo virtual? ¿Es realmente nuevo? ¿qué es lo nuevo del mundo virtual?

Para el que educa es un problema creer fervientemente en un conjunto de valores. Si educar es ayudar al nacimiento de un ser humano completo, único, con su propia e independiente conciencia, entonces debemos luchar a brazo partido con nosotros mismos cuando educamos y resistir la tentación de “implantar” nuestros valores. El estudiante debe descubrir sus valores. Le daremos microscopios para analizar sus actos, telescopios para ver sus consecuencias, espejos para mirarse cuando realice una acción, y así por el estilo, en la confianza que descubra los valores que a nosotros nos permiten ser respetuosos con su diferencia. Y esperar que nos encontremos al final del camino.

 

Pero quién sabe adónde llegaremos. Cada generación  

 abre puertas donde otra pensaba que sólo había paredes. A veces, hace huecos en las paredes y las llama ventanas. Al final, creemos que ampliamos la noción de humanidad. Cada paso (adelante, atrás, al costado, etc.) nos define. Lo extraño de hoy es la ingenuidad de mañana. La tecnología, que no es una moda, es otra forma de ser que nos define. Claro que tampoco la tecnología de ayer (como las máquinas de escribir) es la de hoy (con las computadoras) ni como la de mañana (como la no sé qué).

Hoy vi algo que me sacó del cuadro y que ya verán que tiene que ver. Un poster rectangular tenía un gran título en grandes letras por un lado, paralelo a la parte más estrecha del poster. También tenía un gran dibujo, que ocupaba las dos terceras partes del poster, y que estaba colocado perpendicularmente a la parte más estrecha del poster, igual que las letras pequeñas con la fecha y el lugar del evento. Discutimos sobre cómo pegarlo en la pared. Algunos decían que el título siempre iba arriba. Otros que el dibujo era lo más importante y que el título iba al costado. Es decir, los primeros ponían el lado más pequeño arriba, los segundos, el lado más largo arriba. Espero darme a entender. Unos privilegiaban una “lectura textual” del poster, donde la imagen era subsidiaria y auxiliar. Los segundos notaban que la imagen era la que comunicaba y que el texto era una ayuda. ¿Quién tenía razón?

En fin, era el código o las condiciones de la comunicación las que hacían variar el sentido de ese objeto. Está de moda poner etiquetas (ahora más, porque hay demasiada información y las etiquetas sirven para ubicar paquetes de información), y no sólo eso, sino que existe una disciplina que convierte el etiquetado social en ordenamiento de la realidad (la folcsonomía). Existe un gran movimiento que genera denominaciones y clasificaciones a montones. Entrar en la red es someterse a ese movimiento, pues sólo etiquetados seremos admitidos en el reino de lo virtual: e-business, e-learning, e-love, e-tc. El nombre que asumimos al existir en este reino es: cibernauta, ser digital, ciberconectado, etc.

¿Qué nos define en el mundo virtual? ¿Realmente todas las formas de definir al ser humano se agotan en este nuevo mundo virtual? ¿Es realmente nuevo? ¿qué es lo nuevo del mundo virtual?

Sería bueno saber qué significa “ser cibernauta” o “ciberconectados” o “ser digital”. Es decir, cuándo puedo llamar a X de ese modo: lo defino como el que tiene acceso al mundo virtual (continuo o disponible, son dos opciones), o bien lo defino como el que aprovecha ese acceso (participante, productor, etc. de algún tipo de material digital), o bien lo defino como el que tiene capacidades para el mundo digital (aunque no tenga acceso ni lo aproveche), lo cual es sumamente problemático averiguar. ¿Qué nos hace pertenecer al mundo digital? de igual manera que la colocación del poster expresa nuestra forma de percibir el mundo.

Para precisar un poco mi interés les cuento algo que ustedes ya deben de haber experimentado: pregunté a dos alumnas con quién “hablaban” (no hay otra manera de decirlo, así es) tanto por el chat y me dijeron que con sus amigos del barrio, a quienes verían en un par de horas. No era un asunto urgente, sólo que “decían” lo que no dirían al verlos cara a cara. El mundo virtual nos permite hacer de manera práctica y directa lo mismo que nos cuesta tanto hacer cara a cara: presentarnos bajo la luz de nuestros deseos no confesados (lo que en el contacto comunicativo directo se llama “eufemismo”: no hablamos del excremento sino de los desechos o de “ese restito”). En el mundo virtual no se nos puede acusar de mentir, sino de jugar, de provocar; el que no se inventa su máscara, no está socializando. Ciertamente, eso también sucede en la vida no virtual, pero no es tan fácil ni es tan poco penalizado. Es la ilusión y la oportunidad de construir una realidad VÁLIDA.

Regreso al principio: no desaprovechar esa forma de comunicación, en la medida que reza el dicho “dime cómo te comunicas y te diré quién eres”. Mucha gente que no puede hablar cara a cara, que no tiene habilidades para redactar ni interés para hacerlo, desemboca en el mundo virtual. Este mundo virtual ilumina un aspecto oscurecido de nosotros y nosotros como educadores debemos ayudar a que nuestros estudiantes utilicen estos medios para que los descubran, sin temor, y tener los microscopios, telescopios y espejos listos. Aquí no vale el temor a la competencia técnica sino el valor de embarcarse y quién sabe adónde llegaremos. Nuestros alumnos nos agradecerán que seamos sus bitácoras y su viejo y sabio marinero susurrando en su oído: “¿a dónde quiere ir, capitán?”

PRIMERA CODA

Tecnología es una forma de ser. Cuando ves que alguien no puede destapar su botella y quieres hacerlo por él, cuando encuentras que se demoran en servirte en un restaurante y observas cómo se distribuyen el trabajo, cuando compras más de una cafetera hasta encontrar la que hace el café como lo quieres, es que eres de las personas que se dedican a mejorar procesos. Es una manía, dicen algunos, es una obsesión, dicen otros, eres autista en ciernes, podrían decir. Pero no es eso. Sucede que vives los procesos, es fácil para ti desarmar en pasos o en acciones o en posibilidades lo que a otros les parece complicado. Y puedes ser un "espeso" para muchos, porque te fijas en lo que pocos se fijan: cómo se hacen las cosas. Es tu forma de ser. Es nuestra forma de ser. Es la tecnología como otra forma de la experiencia humana.


 


Preguntas pendientes:
a. ¿Es lo mismo “mundo virtual” que realidad virtual?
b. ¿Es lo mismo “ser humano” que humanidad?
c. ¿Qué es lo importante: empezar bien o terminar bien?

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Creación y azar ante el ser humano

soy yo

El azar ha empezado a escribir desde siempre y nosotros somos un resultado: es una molesta idea recurrente de los que abandonamos el paraíso crédulo del Génesis. Si bien nos consuela en algo la teoría de la evolución y su mecanismo la selección natural (recargada, claro), siempre nos seduce la nostalgia de un dolor y nos queda la sospecha de que no existe posibilidad de orden alguno. La sinuosa búsqueda cuántica de más subpartículas y teorías de cuerdas (para muchos, una demostración de la locura de los científicos, para mí, de su poética), nos vuelve a llevar a un mundo donde no existe un orden bibliotecario, tranquilo, mudo, codificado y rastreable.

¿Somos una convergencia azarosa? El asunto intriga por todos lados. He citado la biblioteca porque es un lugar donde existe en orden un universo con sentido(s). En sus anaqueles, en un recorrido que nos quita la respiración de tanto sosiego, hallamos a cada paso unidades de significado, que llamamos libros. Las unidades de significado de nuestra cultura. El minimo común divisor de nuestros conocimientos. Estiremos la mano en cualquiera de las repisas de las bibliotecas que frecuentemos (o que imaginemos o recordamos): hallaremos en sopor entintado el reposo de ideas que al menor roce de nuestros ojos empezarán su danza o saltarán a mordernos. Es el lugar con mayor concentración de sentidos que podamos elucubrar. Y es donde su paz proverbial recuerda al cementerio: donde los cuerpos yacen y las almas empiezan un camino.

 

El azar de la vida y el orden de la biblioteca. Borges imaginó que al intercambiar de lugares, la vida como una biblioteca sería una biblioteca con sentidos perdidos. Y deslizó la esperanza imposible de encontrar sentido en el azar. Millones de monos escribiendo no podrán revivir a Shakespeare, a menos que dispongan del infinito, retruca un teorema. Otra manera de mirarlo es decir que Shakespeare es un hallazgo tan especial que encontrar otro como él es casi cero. O quizá, cada humano es así, un difícil infinito.
¿Diremos lo mismo de una obra del hombre? El hombre es más complejo que sus obras, suponemos. Luego, es más fácil recrear un obra, o, como el mismo Borges lo insinúa, se puede escribir dos veces el Quijote. Pero, y esto es lo fascinante, son las mismas letras pero no es el mismo Quijote. Su sentido es distinto porque la historia se ha colado en la escritura y las palabras se salpimentan de su contexto. Digamos que también tienen alma los libros, o, para los menos "supernaturales" (en el sentido de Asimov), los libros tienen sentidos.

La complejidad del ser humano es constitutiva, la de los libros es derivada. Es un infinito menor dentro del infinito mayor. Creo que esta una dicción matemática, también.
En fin, a lo que voy. Hace poco leímos que unos monos virtuales están por acabar las obras de Shakespeare, es decir, han realizado la hazaña de recrear algo existente por puro azar. Mentira, no es tan puro. Simplemente, cada avance toma en cuenta las combinaciones que se hicieron antes, como un contexto que restringe lo que se va escribiendo. Es decir, los monos virtuales mencionados pueden escribir la obra de Shakespeare porque… ya fue escrita. No es que hayan creado por azar vitaminado una nueva obra maestra, es solo que han filtrado el azar y han hecho lo que haría una generación de epígonos shakespearianos: encontrar de nuevo al maestro. Es lo que siempre han hecho las escuelas literarias. Sólo que no es un software. No han creado, sin embargo.
Por otro lado, me he encontrado con un servicio en línea que me convierte en mono virtual y creo feliz en mi azar determinado. Este servicio se llama vizlingo y funciona así:
a. Escribo una oración (en perfecto inglés o bien en slang, algo que el software reconozca como inglés).
b. Por cada palabra (que no sea conjunción, artículo o cosa similar) ubica una imagen alusiva.
c. Une los fragmentos para mostrarme un video.
d. Me permite re-seleccionar entre otras posibilidades por cada palabra.
He creado un video a partir de mi oración. ¿Es obra del azar? ¿El diablo tiene poderes creadores?
Veamos. Las imágenes que compone el video son extraídas de fuentes públicas que han sido etiquetadas, es decir, a partir de los tags de las imágenes se selecciona, ¿al azar?, una por cada palabra. El sentido fue introducido previamente por alguien. Un humano ha dado el contexto significativo. No es el azar. No es el infinito tecleo inane de los monos. La creación está en esa chispa semántica.

Y vuelvo a reiterar. Ni los monos virtuales crean, ni el software vizlingo lo hace. Como un titiritero anónimo, el hombre le da sentido a sus cosas, aunque lo quieran soslayar. Detrás de cada sinsentido humano, como la Biblioteca de Babel o la locura de un asesinato, subyacen sentidos, diminutos atisbos de un código que debemos rastrear. La literatura, la psicología, ambas comprueban en experiencias repetidas (lecturas o tests) como la individualidad de cada humano se descompone y se recombina en otro humano. Sean interpretaciones o terapias, la comprensión del otro humano está siempre moviéndonos, en perpetua crisis creativa. No cesamos de crear, no cesamos de adivinar (ser adivino es humanizar el universo, también).

La infinitud del hombre nace de su individualidad. La creación también.
 

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