Diferencias entre actividades y e-actividades de aprendizaje



Tal y como ha sido definido por numerosos autores, una e-actividad es la que se presenta, realiza y/o se transfiere a través de la red, haciendo uso de una plataforma o servicio Web habilitado a tal efecto. Prefiero llamarle por ello actividad on-line (en línea), frente a la actividad off-line, realizada fuera de este entorno.

En no pocas ocasiones tiende a confundirse una actividade de aprendizaje con un simple problema de comunicación dentro de un grupo grupo, como puede ser :
  • la entrega de material docente por parte del profesor (transparencias, documentos, enlaces, vídeos, etc.),
  • la entrega de trabajos por parte del alumno,
  • el planteamiento de dudas y consultas, y
  •  la comunicación de avisos (fechas de entrega de trabajos, cambios de clase, publicación de notas, novedades de contenidos, fechas de pruebas o exámenes, etc.).
Esta comunicación puede, de hecho, ser mantenida de una forma más tradicional, sin variar sustancialmente su cometido (fotocopias, libros, tablones de anuncios, tutorías, trabajos en mano, etc.). Ocurre, no obstante, que la comunicación vía electrónica es mucho más cómoda, rápida y eficiente, además de gozar de la propiedad del almacenamiento para posterior referencia y acceso.

Podría valer para este proceso comunicactivo una simple página Web de la asignatura (mejor si permite la suscripción mediante RSS), aunque sí se desea conversación on-line (foros), subida de archivos y un servicio de alertas vía e-mail de novedades de contenidos, resulta más adecuada una plataforma de comunicación y compartición de contenidos.

Como herramienta de comunicación habitualmente se usa algún LMS (por ej. Moodle o Claroline), fundamentalmente porque es la plataforma que se suele ofrecer por las instituciones educativas. No obstante, si se trata exclusivamente de comunicación, una red social generalista (grupos, relaciones, blogs, foros, vídeos, podcasts, páginas de perfil configurables, archivos, etc.) es una solución mucho más adecuada, además de resultar su uso mucho más sencillo, amigable e incluso tremendamente familiar para nuestros alumnos, nativos digitales, y grandes usuarios de este tipo de plataformas.

Otro asunto sería si se necesitase funcionalidad muy específica, como calificaciones, SCORM, cuestionarios, etc., pero mi observación a lo largo del tiempo me indica que tal funcionalidad no es muy usada en el ámbito universitario, por lo que en muchos casos se está usando como herramienta de comunicación una plataforma no diseñada para ello.

Dejando a un lado los problemas de la comunicación, y volviendo al tema del post en sí, acerca de lo que debe diferenciar una actividad de aprendizaje on-line de una off-line, creo que, fundamentalmente, una actividad on-line no debe ser estrictamente individual, como por ejemplo, la simple realización on-line de un cuestionario, quiz, puzzle, escribir un artículo de blog, o subir un archivo, pues ese tipo de actividades difieren poco o nada de las equivalentes off-line, susceptibles de ser realizadas con papel y bolígrafo y ser entregadas en mano. Sólo cambian los medios.

En mi opinión, creo que la intención del EEES respecto al uso de las TIC en la educación reside en lograr que el empleo de estas herramientas suponga realmente innovación pedagógica, potenciando el trabajo en grupo y la relación social, y facilitando el aprendizaje cooperativo. Es por ello que deberíamos centrarnos principalmente en actividades que incluyan el trabajo en grupo o la participación e interrelación de toda la clase, contando con la intermediación y moderación del profesor. Es aquí, además, donde la necesidad de coincidencia en tiempo y espacio de los participantes en la actividad hacen muy difícil o imposible que ésta pueda realizarse si no es en la red.

Pero aún podemos ir más allá e intentar involucrar en las actividades de aprendizaje a personas ajenas al aula, accesibles a través de Internet, y que puedan ofrecer otros puntos de vista o conocimientos de interés. Hasta ahora hemos hablado siempre del aprendizaje en su vertiente más formal, que resulta por suspuesto imprescindible, pero también es verdad que ahora, al poder acercar el mundo y las relaciones sociales al aula, también tenemos acceso en ella a un tipo de aprendizaje más informal que antes resultaba imposible. En este sentido, las redes sociales se revelan cómo las herramientas idóneas, por su enorme potencial en este ámbito. En cambio, los LMS como Moodle apenas ofrecen soporte al aprendizaje informal, al no tener en cuenta las relaciones sociales, ni las interacciones con el exterior del aula. Los contenidos no son accesibles fuera del aula, y alguien ajeno al aula no puede opinar, comentar, participar. El modelo de los LMS es el de islas privadas y cerradas.

J. Vassileva (en su artículo Toward Social Learning Environments. IEEE Transactions on Education, Vol.1, No. 4 (2008), pp. 199-214) destaca la importancia del aprendizaje social, apuntando los objetivos que debería perseguir: 1) ayudar al alumno a buscar los contenidos adecuados; 2) ayudar al alumno a entrar en contacto con las personas adecuadas; y 3) motivar e incentivar al alumno a aprender.

Como profesor universitario, observo que hay muchos conocimientos que transmito a mis alumnos que podrían ser adquiridos perfectamente en el mismo plazo de tiempo a través de una sosegada lectura. ¿Qué aporto yo aquí? Nada. Cada vez más, prefiero concentrarme y dedicar más tiempo en explicar muy bien aquellos conceptos más básicos e importantes, que además son los que suelen acarrear una mayor dificultad de comprensión. Ahí sí estoy aportando realmente algo al alumno: un aprendizaje más efectivo y mejor, ahorro de bastante tiempo y hacerle comprender qué es importante y qué no lo es tanto. El resto del tiempo puedo dedicarlo de forma mucho más útil a guiarlo en la adquisición informal del resto de conocimientos, que también son importantes para la materia, pero más aptos para el autoaprendizaje.

Otra diferencia frente al escenario que teniamos hace sólo unos años es que, en la actualidad, Internet pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de conocimiento, y además mucho más organizada y accesible, por ejemplo vía Google, que lo que cualquier profesor podría hacerlo. Internet se está convertiendo cada vez más en un espacio donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que los sistemas educativos y formativos no pueden obviar. ¿Dónde se halla pues el papel del profesor? Google no sabe hacernos preguntas, no sabe decirnos qué contenidos son más idóneos o fiables, no sabe decirnos qué autores de contenidos son más o menos expertos o adecuados y, sobre todo, Google no sabe cómo incentivar y despertar la curiosidad del alumno, de vital importancia en el proceso de aprendizaje.
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Diferencias entre actividades y e-actividades de aprendizaje



Tal y como ha sido definido por numerosos autores, una e-actividad es la que se presenta, realiza y/o se transfiere a través de la red, haciendo uso de una plataforma o servicio Web habilitado a tal efecto. Prefiero llamarle por ello actividad on-line (en línea), frente a la actividad off-line, realizada fuera de este entorno.

En no pocas ocasiones tiende a confundirse una actividade de aprendizaje con un simple problema de comunicación dentro de un grupo grupo, como puede ser :
  • la entrega de material docente por parte del profesor (transparencias, documentos, enlaces, vídeos, etc.),
  • la entrega de trabajos por parte del alumno,
  • el planteamiento de dudas y consultas, y
  •  la comunicación de avisos (fechas de entrega de trabajos, cambios de clase, publicación de notas, novedades de contenidos, fechas de pruebas o exámenes, etc.).
Esta comunicación puede, de hecho, ser mantenida de una forma más tradicional, sin variar sustancialmente su cometido (fotocopias, libros, tablones de anuncios, tutorías, trabajos en mano, etc.). Ocurre, no obstante, que la comunicación vía electrónica es mucho más cómoda, rápida y eficiente, además de gozar de la propiedad del almacenamiento para posterior referencia y acceso.

Podría valer para este proceso comunicactivo una simple página Web de la asignatura (mejor si permite la suscripción mediante RSS), aunque sí se desea conversación on-line (foros), subida de archivos y un servicio de alertas vía e-mail de novedades de contenidos, resulta más adecuada una plataforma de comunicación y compartición de contenidos.

Como herramienta de comunicación habitualmente se usa algún LMS (por ej. Moodle o Claroline), fundamentalmente porque es la plataforma que se suele ofrecer por las instituciones educativas. No obstante, si se trata exclusivamente de comunicación, una red social generalista (grupos, relaciones, blogs, foros, vídeos, podcasts, páginas de perfil configurables, archivos, etc.) es una solución mucho más adecuada, además de resultar su uso mucho más sencillo, amigable e incluso tremendamente familiar para nuestros alumnos, nativos digitales, y grandes usuarios de este tipo de plataformas.

Otro asunto sería si se necesitase funcionalidad muy específica, como calificaciones, SCORM, cuestionarios, etc., pero mi observación a lo largo del tiempo me indica que tal funcionalidad no es muy usada en el ámbito universitario, por lo que en muchos casos se está usando como herramienta de comunicación una plataforma no diseñada para ello.

Dejando a un lado los problemas de la comunicación, y volviendo al tema del post en sí, acerca de lo que debe diferenciar una actividad de aprendizaje on-line de una off-line, creo que, fundamentalmente, una actividad on-line no debe ser estrictamente individual, como por ejemplo, la simple realización on-line de un cuestionario, quiz, puzzle, escribir un artículo de blog, o subir un archivo, pues ese tipo de actividades difieren poco o nada de las equivalentes off-line, susceptibles de ser realizadas con papel y bolígrafo y ser entregadas en mano. Sólo cambian los medios.

En mi opinión, creo que la intención del EEES respecto al uso de las TIC en la educación reside en lograr que el empleo de estas herramientas suponga realmente innovación pedagógica, potenciando el trabajo en grupo y la relación social, y facilitando el aprendizaje cooperativo. Es por ello que deberíamos centrarnos principalmente en actividades que incluyan el trabajo en grupo o la participación e interrelación de toda la clase, contando con la intermediación y moderación del profesor. Es aquí, además, donde la necesidad de coincidencia en tiempo y espacio de los participantes en la actividad hacen muy difícil o imposible que ésta pueda realizarse si no es en la red.

Pero aún podemos ir más allá e intentar involucrar en las actividades de aprendizaje a personas ajenas al aula, accesibles a través de Internet, y que puedan ofrecer otros puntos de vista o conocimientos de interés. Hasta ahora hemos hablado siempre del aprendizaje en su vertiente más formal, que resulta por suspuesto imprescindible, pero también es verdad que ahora, al poder acercar el mundo y las relaciones sociales al aula, también tenemos acceso en ella a un tipo de aprendizaje más informal que antes resultaba imposible. En este sentido, las redes sociales se revelan cómo las herramientas idóneas, por su enorme potencial en este ámbito. En cambio, los LMS como Moodle apenas ofrecen soporte al aprendizaje informal, al no tener en cuenta las relaciones sociales, ni las interacciones con el exterior del aula. Los contenidos no son accesibles fuera del aula, y alguien ajeno al aula no puede opinar, comentar, participar. El modelo de los LMS es el de islas privadas y cerradas.

J. Vassileva (en su artículo Toward Social Learning Environments. IEEE Transactions on Education, Vol.1, No. 4 (2008), pp. 199-214) destaca la importancia del aprendizaje social, apuntando los objetivos que debería perseguir: 1) ayudar al alumno a buscar los contenidos adecuados; 2) ayudar al alumno a entrar en contacto con las personas adecuadas; y 3) motivar e incentivar al alumno a aprender.

Como profesor universitario, observo que hay muchos conocimientos que transmito a mis alumnos que podrían ser adquiridos perfectamente en el mismo plazo de tiempo a través de una sosegada lectura. ¿Qué aporto yo aquí? Nada. Cada vez más, prefiero concentrarme y dedicar más tiempo en explicar muy bien aquellos conceptos más básicos e importantes, que además son los que suelen acarrear una mayor dificultad de comprensión. Ahí sí estoy aportando realmente algo al alumno: un aprendizaje más efectivo y mejor, ahorro de bastante tiempo y hacerle comprender qué es importante y qué no lo es tanto. El resto del tiempo puedo dedicarlo de forma mucho más útil a guiarlo en la adquisición informal del resto de conocimientos, que también son importantes para la materia, pero más aptos para el autoaprendizaje.

Otra diferencia frente al escenario que teniamos hace sólo unos años es que, en la actualidad, Internet pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de conocimiento, y además mucho más organizada y accesible, por ejemplo vía Google, que lo que cualquier profesor podría hacerlo. Internet se está convertiendo cada vez más en un espacio donde se desarrollan procesos de aprendizaje informal que los sistemas educativos y formativos no pueden obviar. ¿Dónde se halla pues el papel del profesor? Google no sabe hacernos preguntas, no sabe decirnos qué contenidos son más idóneos o fiables, no sabe decirnos qué autores de contenidos son más o menos expertos o adecuados y, sobre todo, Google no sabe cómo incentivar y despertar la curiosidad del alumno, de vital importancia en el proceso de aprendizaje.
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