Entregamos el diploma a la lectora del mes de octubre


Hemos entregado el diploma correspondiente al lector del mes. En este caso, lectora, puesto que Sofía Solanilla, alumna de 1º ESO D. En lo que llevamos de curso, Sofía ha dado cuenta a más de una decena de libros. Como muchos de sus compañeros, se ha encargado de realizar la ficha de lectura, colgar el lomo en nuestros respectivos librómetros y grabar un podcast de cada una de sus lecturas. Puedes escuchar sus intervenciones dentro de las Audioexperiencias Lectoras 2011-2012 de nuestro Plan Lector.

Nuestra enhorabuena para Sofía y para las ganas que ha contagiado a su clase, donde todos intentan ser el lector del mes de noviembre, aunque también hay compañer@s de 2º ESO que le pondrán muy difícil revalidar el galarón.

Seguid leyendo así puesto que tanto unos como otros, hacéis un fabuloso trabajo dándole vida a los distintos personajes literarios con los que compartís tiempo de ocio y de diversión.

Póker de recomendaciones lectoras para iniciar el fin de semana.

Acabamos la semana por una cuádruple recomendación lectora. Paula Villa, alumna de 2º ESO C nos recomienda una novela fantástica, un clásico y dos novelas juveniles de corte romántico. Cuatro excelentes sugerencias para sumar a las lecturas que ya hemos ido publicando (y que seguiremos haciéndolo durante todo el curso) dentro de nuestras audioexperiencias lectoras 2011-2012. Con estas recomendaciones, Paula abre la puerta al intercambio de impresiones y de comentarios de las distintas lecturas que propone. ¿Has leído alguno de ellos? ¿Conoces a sus autores? El año pasado Blue Jeans ya nos visitó a propósito de uno de estos libros… Deja tu comentario para valorar las recomendaciones de Paula.

  1. Temblor, de Maggie Stiefvater. Paula Villa (2º ESO C):
  2. El retrato de Dorian Gray, de Óscar Wilde. Paula Villa (2º ESO C):
  3. Canciones para Paula, de Blue Jeans. Paula Villa (2º ESO C):
  4. ¿Sabes que te quiero?, de Blue Jeans. Paula Villa (2º ESO C):

Procedencia de la imagen: Tangled Aces

Las XIX JUTE 2011, Universidad de Sevilla

Hoy acaban de comenzar las XIX Jornadas Universitarias de Tecnología Educativa (JUTE) que se celebran en la Universidad de Sevilla. Acaban de inaugurarse y, al no poder acudir personalmente, la he seguido on line a través de la retransmisión que realiza el servicio de TV de dicha universidad.  La primera conferencia ha sido impartida por el profesor Pier Giuseppe Rossi del Dipartimento di

Las XIX JUTE 2011, Universidad de Sevilla

Hoy acaban de comenzar las XIX Jornadas Universitarias de Tecnología Educativa (JUTE) que se celebran en la Universidad de Sevilla. Acaban de inaugurarse y, al no poder acudir personalmente, la he seguido on line a través de la retransmisión que realiza el servicio de TV de dicha universidad.  La primera conferencia ha sido impartida por el profesor Pier Giuseppe Rossi del Dipartimento di

Cultura digital, “smart citizens” y ciudad abierta [Jornadas Internacionales de Ciudades Creativas]

La próxima semana participo en las IV Jornadas Internacionales de Ciudades Creativas que organiza la Fundación Kreanta y que se celebran en Madrid (Centro Centro) el 24, 25 y 26 de Noviembre. En mi caso, intervengo en la sesión sobre "Sociedad digital y cultura abierta". Está disponible la información sobre programa y ponentes así como los resúmenes de las ponencias en el blog Ciudades Creativas 2011.

Mi participación será sobre Cultura digital, “smart citizens” y ciudad abierta y pretende aportar una perspectiva crítica sobre el concepto de "smart cities" y los nuevos escenarios para la gobernanza de la ciudad que configura la interacción de espacio público, tecnología y procomún. El resumen de mi ponencia, que republico a continuación, está basado en algunos textos que ya he publicado anteriormente y otros que aparecerán en algunos artículos próximamente.

1. Tecnología y urbanismo: Impacto de la cultura digital en las ciudades

La tecnología digital en general e Internet en especial se han hibridado de forma íntima con nuestros comportamientos configurando un tipo de ensamblajes que denominaremos aquí tecnologías sociales. Estas podríamos definirlas como todo tipo de tecnologías (infraestructuras, hardware, software, servicios web) susceptibles de ser utilizadas para el empoderamiento y coordinación ciudadano, y especialmente para el desarrollo autónomo de proyectos colaborativos. Estas tecnologías son diseñadas de un modo abierto para maximizar las probabilidades de apropiación ciudadana que permita su reconfiguración y remezcla con usos diferentes a los ideados inicialmente por sus creadores. Por tanto una tecnología se convierte en social cuando existen comunidades de usuarios que las incorporan a sus prácticas cotidianas y les dan usos innovadores. Las tecnologías sociales son los vehículos que están haciendo posible una nueva forma de urbanismo que podríamos denominar emergente o P2P, por analogía con las redes de intercambio de archivos entre pares. Esta aproximación representa una forma alternativa de construir la ciudad, de abajo arriba y utilizando el conocimiento y la acción ciudadana (Freire, 2009). Se diferencia del urbanismo convencional o “top down” basado en el conocimiento experto y en procesos jerárquicos controlados por políticos, gestores y técnicos en los que la ciudadanía juega un papel pasivo.

2. “Smart cities” vs. “Smart citizens”

Sin embargo, la tecnología digital ha posibilitado también la irrupción de un modelo urbano conocido como “smart cities” o ciudades inteligentes que en gran medida se contrapone al representado por las tecnologías sociales. Las ciudades inteligentes serían aquellas en que el despliegue de sensores de todo tipo, controlados por las administraciones públicas y grandes proveedores de servicios, permitiría monitorizar en tiempo real la vida urbana (clima, tráfico, flujos de personas, contaminación ...), lo que posibilitaría una gestión mejor adaptada a las necesidades de la ciudadanía. Pero este concepto de ciudades inteligentes lleva implícito el modelo convencional (top-down, burocrático) de gestión urbana basada en la planificación en manos de expertos y políticos. Además esconde una nueva oportunidad de negocio para grandes corporaciones dedicadas a las infraestructuras y las telecomunicaciones, que son las que están alentando muchos de estos proyectos que suelen ser poco convincentes sobre los servicios de valor añadido que aportará a los ciudadanos la incorporación de la tecnología "smart" a las ciudades. Por último, en una “smart city” se acabaría por ampliar la capacidad de control de la ciudadanía y disminuir el potencial de participación ciudadana al incrementar la aparente complejidad y el automatismo en la toma de decisiones.

En estos momentos el problema del urbanismo no es la tecnología sino el modelo de ciudad, de gestión urbana y de gobernanza que se plantea. En este sentido, el modelo "smart cities" incorpora sutilmente un argumento conservador y perverso: la complejidad de las ciudades y de su gestión hace imprescindible la existencia de una planificación centralizada que controle todos los procesos. En realidad este argumento busca mantener e incluso fortalecer el status quo de políticos, gestores y proveedores de servicios e infraestructuras. Sin embargo, esta línea argumental olvida que la planificación centralizada también presenta limitaciones evidentes y ha fracasado en muchos ámbitos generando disfunciones en la vida urbana (desde burbujas inmobiliarias a la congestión por predominio del automóvil particular en el transporte pasando por la eliminación de la diversidad por la zonificación de usos).

Por otra parte, el enfoque emergente o P2P al urbanismo ha demostrado en los últimos años su capacidad de acción, desarrollo de proyectos autónomos y negociación con el poder por parte de la ciudadanía. Entre los referentes que demuestran la viabilidad y capacidad transformadora de este enfoque nos encontramos con proyectos y acciones en el ámbito de la tecnología e información: el movimiento de datos abiertos (“open data”) y el desarrollo de aplicaciones cívicas; el despliegue de redes de sensores distribuidos y la creación de plataformas de gestión de sensores y bases de datos (como Pachube); desarrollos tecnológicos de sensores para abaratar su coste y ampliar su espectro de variables registradas (con todas las posibilidades que abre el hardware abierto como Arduino); el desarrollo de infraestructuras ciudadanas (como la red wifi de guifi.net); y de info-estructuras ciudadanas (desde wikipedia hasta FixMyStreet u OpenStreetMap). En el ámbito de la participación ciudadana nos encontramos con un número creciente de colectivos practicando urbanismo local (comunidades donde se reúnen profesionales, amateurs y usuarios) con el objetivo de recuperar o crear espacios públicos y dotarlos de actividad, como los que han sido catalogados recientemente para el caso español en la monografía Deseo de Ciudad (García-Rosales, 2010).

3. Ciudad abierta: regeneración del espacio público

La necesidad de espacios realmente públicos como lugares de encuentro y debate ciudadano y las posibilidades de ampliación de esos espacios mediante tecnologías digitales nos llevan a identificar una serie de acciones que permitirían acelerar este proceso, entre los que destacaría:

1. Recuperar la densidad y diversidad en las ciudades; recuperar el modelo de ciudades compactas con mezcla de usos en todas las escalas espaciales. Los espacios públicos necesitan una masa crítica de uso y diversidad para resultar atractivos para la ciudadanía y que sean capaces de generar procesos creativos.

2. Facilitar la movilidad ciudadana dado que aumenta la densidad y diversidad efectivas al incrementar las probabilidades de encuentro, además de mejorar la calidad de vida de las personas.

3. Rediseñar los espacios públicos para el encuentro y la convivencia y no para el flujo. Por tanto las mejoras en movilidad no deben hacerse en detrimento de los usos verdaderamente comunes de los espacios públicos.

4. Desarrollar tecnologías sociales (tanto infraestructuras como plataformas para la producción de conocimiento y organizaciones ciudadanas autónomas capaces de acción colectiva), que permitan a los ciudadanos apropiarse de modo efectivo de los espacios públicos (entendidos un sentido amplio, como espacios híbridos resultado de la interacción del espacio físico y digital).

5. Desplegar redes de laboratorios ciudadanos, donde se facilite el desarrollo de proyectos colaborativos que aborden los problemas y oportunidades locales y que funcionen como plataformas que facilitan la innovación social. Estos laboratorios serían, y ya lo son en muchos casos, pequeños espacios distribuidos por el territorio; centros hiperlocales en el sentido de permitir el trabajo a pequeña escala pero dentro de redes globales gracias a la tecnología digital. Estos laboratorios desarrollan un programa abierto adaptado a los intereses y necesidades locales para los que aportan recursos materiales, intelectuales y organizativos. Por tanto podríamos definirlos como espacios de colaboración entre ciudadanía, agentes culturales, científicos y tecnólogos, y entre profesionales y amateurs. Y al tiempo serían mediatecas vivas donde se documenta en continuo toda su actividad y creaciones y que trabajan en red para crear bases de conocimiento abierto.

6. Impulsar iniciativas de datos abiertos, al menos utilizando todos aquellos generados con financiación pública, sobre todo tipo de cuestiones que afectan a las ciudades. Promover la reutilización de estos datos por todo tipo de agentes (colectivos sociales, investigadores, empresas …) para generar aplicaciones útiles en el control democrático de las instituciones, políticos y gestores, para la mejora de la gestión pública y para desarrollar innovación social, producción cultural y actividad económica.

4. Gobernanza: hacia un diálogo entre el “bottom up” y el “top down”

La recuperación del espacio público y la resolución de la desconexión entre la ciudadanía y las élites gobernantes hacen preciso reinventar la gobernanza urbana, en el sentido de promover procesos "de abajo a arriba" hasta descubrir sus límites; para posteriormente establecer procesos de negociación de la ciudadanía con el poder político y los técnicos y gestores para definir los modelos de gobierno a las escalas de mayor complejidad.

Los diferentes proyectos de tecnología social demuestran la capacidad de coordinación ciudadana que permite la tecnología y que facilita el desarrollo de proyectos que pasan de la crítica a la acción constructiva. Las tecnologías sociales permiten crear y gestionar recursos e infraestructuras, producir y difundir conocimiento de todo tipo, y coordinar agentes diversos para generar nuevas economías más inclusivas y sostenibles. Por ejemplo, en Las “revoluciones árabes” o el movimiento #15M en España los colectivos organizados en y desde Internet realizan de modo muy efectivo activismo en contra de los poderes políticos y mediáticos con resultados inimaginables hasta hace poco tiempo.

La agenda pasa ahora por dos cuestiones básicas. Primero, identificar las razones y factores que permiten maximizar la eficacia y capacidad de coordinación de la tecnología social. Y en segundo lugar, una vez aprendamos de un modo colectivo y experimental como diseñar proyectos basados en tecnologías sociales, cabe preguntarse por los límites: ¿qué grado de complejidad pueden alcanzar los proyectos ciudadanos soportados y empoderados por tecnología social?, ¿hasta dónde pueden llegar estos proyectos?, ¿qué cambios sociales, políticos y económicos son capaces de provocar?

Los poderes políticos acostumbran a señalar las limitaciones de los proyectos basados en tecnologías sociales para justificar modelos basados en el control centralizado y en el conocimiento experto. En lo referente al urbanismo se hace preciso la integración de los modelos emergente (basado en tecnologías sociales) y planificado (que genera “smart cities”). Para lograr este objetivo es precio son primer lugar generar una infraestructura y organización ciudadana que sea capaz de "construir ciudad" y llegar tan lejos como sea posible (en escalas espaciales y de complejidad), para a continuación incorporar a los proveedores de infraestructuras y servicios en este marco (al contrario de lo que sucede en el modelo "smart cities" en que son los proveedores los que crean el marco de referencia). Solo una vez alcanzados estos posibles límites sería necesario explorar en que escalas espaciales y de complejidad es necesario discutir, negociar y, en último término, diseñar sistemas de gobernanza que incorporen a la ciudadanía y sus organizaciones por una parte y a los políticos, gestores e instituciones públicas por otra.

Bibliografía

Freire, Juan (2009). Urbanismo emergente: ciudad, tecnología e innovación social - Emerging urban planning: city, technology and social innovation. En: Paisajes Domésticos / Domestic Landascapes, Vol. 4 Redes de Borde / Edge Networks, pp. 18-27. Ed. SEPES Entidad Estatal de Suelo, España.

García-Rosales, Cristina (ed.) (2010). Deseo de ciudad: Arquitecturas revolucionarias. Mandala Ediciones.

ACTUALIZACION: Video de la conferencia

Cultura digital, “smart citizens” y ciudad abierta [Jornadas Internacionales de Ciudades Creativas]

La próxima semana participo en las IV Jornadas Internacionales de Ciudades Creativas que organiza la Fundación Kreanta y que se celebran en Madrid (Centro Centro) el 24, 25 y 26 de Noviembre. En mi caso, intervengo en la sesión sobre "Sociedad digital y cultura abierta". Está disponible la información sobre programa y ponentes así como los resúmenes de las ponencias en el blog Ciudades Creativas 2011.

Mi participación será sobre Cultura digital, “smart citizens” y ciudad abierta y pretende aportar una perspectiva crítica sobre el concepto de "smart cities" y los nuevos escenarios para la gobernanza de la ciudad que configura la interacción de espacio público, tecnología y procomún. El resumen de mi ponencia, que republico a continuación, está basado en algunos textos que ya he publicado anteriormente y otros que aparecerán en algunos artículos próximamente.

1. Tecnología y urbanismo: Impacto de la cultura digital en las ciudades

La tecnología digital en general e Internet en especial se han hibridado de forma íntima con nuestros comportamientos configurando un tipo de ensamblajes que denominaremos aquí tecnologías sociales. Estas podríamos definirlas como todo tipo de tecnologías (infraestructuras, hardware, software, servicios web) susceptibles de ser utilizadas para el empoderamiento y coordinación ciudadano, y especialmente para el desarrollo autónomo de proyectos colaborativos. Estas tecnologías son diseñadas de un modo abierto para maximizar las probabilidades de apropiación ciudadana que permita su reconfiguración y remezcla con usos diferentes a los ideados inicialmente por sus creadores. Por tanto una tecnología se convierte en social cuando existen comunidades de usuarios que las incorporan a sus prácticas cotidianas y les dan usos innovadores. Las tecnologías sociales son los vehículos que están haciendo posible una nueva forma de urbanismo que podríamos denominar emergente o P2P, por analogía con las redes de intercambio de archivos entre pares. Esta aproximación representa una forma alternativa de construir la ciudad, de abajo arriba y utilizando el conocimiento y la acción ciudadana (Freire, 2009). Se diferencia del urbanismo convencional o “top down” basado en el conocimiento experto y en procesos jerárquicos controlados por políticos, gestores y técnicos en los que la ciudadanía juega un papel pasivo.

2. “Smart cities” vs. “Smart citizens”

Sin embargo, la tecnología digital ha posibilitado también la irrupción de un modelo urbano conocido como “smart cities” o ciudades inteligentes que en gran medida se contrapone al representado por las tecnologías sociales. Las ciudades inteligentes serían aquellas en que el despliegue de sensores de todo tipo, controlados por las administraciones públicas y grandes proveedores de servicios, permitiría monitorizar en tiempo real la vida urbana (clima, tráfico, flujos de personas, contaminación ...), lo que posibilitaría una gestión mejor adaptada a las necesidades de la ciudadanía. Pero este concepto de ciudades inteligentes lleva implícito el modelo convencional (top-down, burocrático) de gestión urbana basada en la planificación en manos de expertos y políticos. Además esconde una nueva oportunidad de negocio para grandes corporaciones dedicadas a las infraestructuras y las telecomunicaciones, que son las que están alentando muchos de estos proyectos que suelen ser poco convincentes sobre los servicios de valor añadido que aportará a los ciudadanos la incorporación de la tecnología "smart" a las ciudades. Por último, en una “smart city” se acabaría por ampliar la capacidad de control de la ciudadanía y disminuir el potencial de participación ciudadana al incrementar la aparente complejidad y el automatismo en la toma de decisiones.

En estos momentos el problema del urbanismo no es la tecnología sino el modelo de ciudad, de gestión urbana y de gobernanza que se plantea. En este sentido, el modelo "smart cities" incorpora sutilmente un argumento conservador y perverso: la complejidad de las ciudades y de su gestión hace imprescindible la existencia de una planificación centralizada que controle todos los procesos. En realidad este argumento busca mantener e incluso fortalecer el status quo de políticos, gestores y proveedores de servicios e infraestructuras. Sin embargo, esta línea argumental olvida que la planificación centralizada también presenta limitaciones evidentes y ha fracasado en muchos ámbitos generando disfunciones en la vida urbana (desde burbujas inmobiliarias a la congestión por predominio del automóvil particular en el transporte pasando por la eliminación de la diversidad por la zonificación de usos).

Por otra parte, el enfoque emergente o P2P al urbanismo ha demostrado en los últimos años su capacidad de acción, desarrollo de proyectos autónomos y negociación con el poder por parte de la ciudadanía. Entre los referentes que demuestran la viabilidad y capacidad transformadora de este enfoque nos encontramos con proyectos y acciones en el ámbito de la tecnología e información: el movimiento de datos abiertos (“open data”) y el desarrollo de aplicaciones cívicas; el despliegue de redes de sensores distribuidos y la creación de plataformas de gestión de sensores y bases de datos (como Pachube); desarrollos tecnológicos de sensores para abaratar su coste y ampliar su espectro de variables registradas (con todas las posibilidades que abre el hardware abierto como Arduino); el desarrollo de infraestructuras ciudadanas (como la red wifi de guifi.net); y de info-estructuras ciudadanas (desde wikipedia hasta FixMyStreet u OpenStreetMap). En el ámbito de la participación ciudadana nos encontramos con un número creciente de colectivos practicando urbanismo local (comunidades donde se reúnen profesionales, amateurs y usuarios) con el objetivo de recuperar o crear espacios públicos y dotarlos de actividad, como los que han sido catalogados recientemente para el caso español en la monografía Deseo de Ciudad (García-Rosales, 2010).

3. Ciudad abierta: regeneración del espacio público

La necesidad de espacios realmente públicos como lugares de encuentro y debate ciudadano y las posibilidades de ampliación de esos espacios mediante tecnologías digitales nos llevan a identificar una serie de acciones que permitirían acelerar este proceso, entre los que destacaría:

1. Recuperar la densidad y diversidad en las ciudades; recuperar el modelo de ciudades compactas con mezcla de usos en todas las escalas espaciales. Los espacios públicos necesitan una masa crítica de uso y diversidad para resultar atractivos para la ciudadanía y que sean capaces de generar procesos creativos.

2. Facilitar la movilidad ciudadana dado que aumenta la densidad y diversidad efectivas al incrementar las probabilidades de encuentro, además de mejorar la calidad de vida de las personas.

3. Rediseñar los espacios públicos para el encuentro y la convivencia y no para el flujo. Por tanto las mejoras en movilidad no deben hacerse en detrimento de los usos verdaderamente comunes de los espacios públicos.

4. Desarrollar tecnologías sociales (tanto infraestructuras como plataformas para la producción de conocimiento y organizaciones ciudadanas autónomas capaces de acción colectiva), que permitan a los ciudadanos apropiarse de modo efectivo de los espacios públicos (entendidos un sentido amplio, como espacios híbridos resultado de la interacción del espacio físico y digital).

5. Desplegar redes de laboratorios ciudadanos, donde se facilite el desarrollo de proyectos colaborativos que aborden los problemas y oportunidades locales y que funcionen como plataformas que facilitan la innovación social. Estos laboratorios serían, y ya lo son en muchos casos, pequeños espacios distribuidos por el territorio; centros hiperlocales en el sentido de permitir el trabajo a pequeña escala pero dentro de redes globales gracias a la tecnología digital. Estos laboratorios desarrollan un programa abierto adaptado a los intereses y necesidades locales para los que aportan recursos materiales, intelectuales y organizativos. Por tanto podríamos definirlos como espacios de colaboración entre ciudadanía, agentes culturales, científicos y tecnólogos, y entre profesionales y amateurs. Y al tiempo serían mediatecas vivas donde se documenta en continuo toda su actividad y creaciones y que trabajan en red para crear bases de conocimiento abierto.

6. Impulsar iniciativas de datos abiertos, al menos utilizando todos aquellos generados con financiación pública, sobre todo tipo de cuestiones que afectan a las ciudades. Promover la reutilización de estos datos por todo tipo de agentes (colectivos sociales, investigadores, empresas …) para generar aplicaciones útiles en el control democrático de las instituciones, políticos y gestores, para la mejora de la gestión pública y para desarrollar innovación social, producción cultural y actividad económica.

4. Gobernanza: hacia un diálogo entre el “bottom up” y el “top down”

La recuperación del espacio público y la resolución de la desconexión entre la ciudadanía y las élites gobernantes hacen preciso reinventar la gobernanza urbana, en el sentido de promover procesos "de abajo a arriba" hasta descubrir sus límites; para posteriormente establecer procesos de negociación de la ciudadanía con el poder político y los técnicos y gestores para definir los modelos de gobierno a las escalas de mayor complejidad.

Los diferentes proyectos de tecnología social demuestran la capacidad de coordinación ciudadana que permite la tecnología y que facilita el desarrollo de proyectos que pasan de la crítica a la acción constructiva. Las tecnologías sociales permiten crear y gestionar recursos e infraestructuras, producir y difundir conocimiento de todo tipo, y coordinar agentes diversos para generar nuevas economías más inclusivas y sostenibles. Por ejemplo, en Las “revoluciones árabes” o el movimiento #15M en España los colectivos organizados en y desde Internet realizan de modo muy efectivo activismo en contra de los poderes políticos y mediáticos con resultados inimaginables hasta hace poco tiempo.

La agenda pasa ahora por dos cuestiones básicas. Primero, identificar las razones y factores que permiten maximizar la eficacia y capacidad de coordinación de la tecnología social. Y en segundo lugar, una vez aprendamos de un modo colectivo y experimental como diseñar proyectos basados en tecnologías sociales, cabe preguntarse por los límites: ¿qué grado de complejidad pueden alcanzar los proyectos ciudadanos soportados y empoderados por tecnología social?, ¿hasta dónde pueden llegar estos proyectos?, ¿qué cambios sociales, políticos y económicos son capaces de provocar?

Los poderes políticos acostumbran a señalar las limitaciones de los proyectos basados en tecnologías sociales para justificar modelos basados en el control centralizado y en el conocimiento experto. En lo referente al urbanismo se hace preciso la integración de los modelos emergente (basado en tecnologías sociales) y planificado (que genera “smart cities”). Para lograr este objetivo es precio son primer lugar generar una infraestructura y organización ciudadana que sea capaz de "construir ciudad" y llegar tan lejos como sea posible (en escalas espaciales y de complejidad), para a continuación incorporar a los proveedores de infraestructuras y servicios en este marco (al contrario de lo que sucede en el modelo "smart cities" en que son los proveedores los que crean el marco de referencia). Solo una vez alcanzados estos posibles límites sería necesario explorar en que escalas espaciales y de complejidad es necesario discutir, negociar y, en último término, diseñar sistemas de gobernanza que incorporen a la ciudadanía y sus organizaciones por una parte y a los políticos, gestores e instituciones públicas por otra.

Bibliografía

Freire, Juan (2009). Urbanismo emergente: ciudad, tecnología e innovación social - Emerging urban planning: city, technology and social innovation. En: Paisajes Domésticos / Domestic Landascapes, Vol. 4 Redes de Borde / Edge Networks, pp. 18-27. Ed. SEPES Entidad Estatal de Suelo, España.

García-Rosales, Cristina (ed.) (2010). Deseo de ciudad: Arquitecturas revolucionarias. Mandala Ediciones.

ACTUALIZACION: Video de la conferencia

Conocimiento abierto o porqué el software libre se inventó en la Edad Media

El pasado 9 de noviembre participé en la Conferencia Libre Soft World Conference LSWC 2011 que se celebró en Zaragoza. Para más información se pueden consultar estos enlaces: ponentes; programa; facebook; twitter (@lswc11 y #lswc) y vídeos de las ponencias.

Mi intervención trató sobre "Conocimiento abierto o porqué el software libre se inventó en la Edad Media" y el video está disponible aquí y aquí.

 

Este es el resumen donde planteaba las principales ideas que utilicé en la conferencia:

Para entender el significado y alcance del conocimiento abierto, del que el software libre puede considerarse un caso paradigmático, es preciso analizar sus modos de producción y su gobernanza y, por tanto, las comunidades e instituciones (formales o informales) que participan. El conocimiento abierto es un procomún, el resultado de la acción ciudadana en un espacio intermedio de autonomía entre el estado y el mercado.

El procomún es un modelo de producción y gestión que se ha revitalizado gracias al diseño abierto de la tecnología digital aunque en realidad procede de al menos la Edad Media, cuando los artesanos se reúnen en gremios donde comparten conocimientos, organizan su producción y gestionan sus relaciones colectivas. En ese sentido, estos gremios recuerdan a muchas de las características de los sistemas de producción y gobernanza del software libre.

Sin embargo, estas instituciones (y modos de producción) "del procomún" fueron languideciendo a lo largo de la historia al ser apropiadas por el estado o privatizadas y transformadas en sistemas de mercado. Para ilustrarlo podemos usar dos casos sorprendentes pero que reflejan perfectamente el proceso de apropiación estatal de un procomún. Por una parte la producción de aguardiente en el norte de España como una forma de conocimiento tradicional y comunitaria que en años recientes es expoliada por el estado. Por otro lado, las cofradías de pescadores son un ejemplo de "institución del procomún" que pasa a ser controlada desde el estado convirtiéndose en estructuras burocráticas con grandes dificultades para seguir gobernando de modo efectivo los recursos y comunidades de pescadores.

Frente a este proceso de pérdida del procomún, y por tanto de la capacidad de producción de conocimiento abierto, las tecnologías sociales, entendidas como ensamblajes de personas y tecnología digital, han permitido empoderar comunidades de práctica que pueden producir cnocimiento y garantizar su gobernanza de forma autónoma y diferente a los mecanismos convencionales. El software libre, la wikipedia, los las comunidades de afectados (desde enfermos a colectivos marginales), o los nuevos movimientos de activismo político (como las primaveras árabes, el #15M o OccupyWallSreet) son ejemplos de este procomún basado en tecnologías sociales que genera espacios de autonomía y negociación con el estado y el mercado con los que compiten en la eficacia de sus acciones y la calidad de sus resultados. La pregunta en estos momentos no es ya si el concepto de conocimiento abierto es o no viable, sino hasta que punto puede llegar su capacidad de transformación social, política y económica.