La dimensión temporal de la innovación educativa. Los desastrosos resultados formativos si no se tiene en cuenta.

el tiempo

Fotografía by Á. Fidalgo

Una de las  “leyendas urbanas” que existen sobre la innovación educativa es que aplicarla conlleva excesivo esfuerzo por parte del profesorado. Evidentemente no es lo mismo desarrollar que aplicar la innovación educativa. En el primer caso estamos “inventándola” y en el segundo “aplicándola”. El esfuerzo necesario para “desarrollar” algo es mucho mayor que el requerido para “aplicar” algo.

En este post nos centraremos en el profesorado que aplica la innovación educativa. Gran parte del mismo piensa que esta actúa como un producto físico. Piensan que basta con desempaquetarlo, conectarlo a un enchufe y está listo. Los productos derivados de la innovación educativa trabajan con personas  y con conocimiento. Ambas cosas (las personas y el conocimiento) son muy sensibles a la estrategia formativa, experiencia previa, motivación, actitud, etc. Por tanto, nunca podemos tratar los productos de innovación educativa como un producto físico.

Para poder obtener resultados eficaces en la aplicación de la innovación educativa necesitamos tener en cuenta la dimensión temporal. Esta dimensión viene a decir que la aplicación de la innovación educativa se debe realizar en dos fases: la primera para hacer ajustes y la segunda para aplicarla con garantías.

Un posible proceso a seguir es hacer coincidir la fase de ajustes con el tiempo que se tarda en impartir una asignatura concreta. Durante esta fase se deben realizar ajustes, identificar la mejor forma de aplicación, analizar los resultados obtenidos y validarlos. Posteriormente podrá realizar la siguiente fase “aplicar la innovación educativa”

Algunos consejos a realizar durante la primera fase:

  • Identifique los resultados de mejora que desea obtener. Consulte artículos, posts o comunicaciones en congresos donde se mencionen mejoras en esos resultados.
  • Identifique procesos y metodologías Vea cómo ha sido el impacto y cómo se ha transformado el modelo de uso.
  • Identifique el tipo de tecnología a utilizar, no la tecnología concreta. Por ejemplo, si va a usar una red social, no use la que le hayan contado. Seleccione varias y elija la que más se adapte a lo que usted desea realizar.
  • Haga mediciones de los resultados. Para ello puede utilizar un grupo experimental y otro de control, o bien contraste los resultados que usted obtenía antes de aplicar la innovación educativa.
  • Asegúrese de que para comparar resultados está utilizando las herramientas más adecuadas (cuestionarios, métodos de comparación estadístico, análisis de datos, etc)

Evidentemente la primera fase le supondrá un mayor esfuerzo, pero durante la segunda fase y las posteriores el esfuerzo será menor. De hecho, un indicador de la eficacia de la innovación educativa es comprobar si consigue mejores resultados que antes de aplicarla, pero manteniendo el esfuerzo, o bien, consigue los mismos resultados que antes de aplicarla pero reduciendo el esfuerzo.

Además, si aplica la dimensión temporal, realmente lo que está haciendo durante la primera fase es INVESTIGAR y, por tanto, podrá dar un formato a esa investigación y divulgarla en congresos y revistas científicas. Esto contribuirá a que el profesorado, que aplique el mismo tipo de innovación en el futuro, reduzca el esfuerzo necesario para realizar la primera fase.

Si no aplica la dimensión temporal, no hay garantías de éxito de la innovación educativa. Además, tendrá la percepción de que le lleva mucho tiempo, tanto que no merece la pena aplicarla, se lo contará a sus compañer@s y contribuirá a afianzar la leyenda urbana de que aplicar la innovación educativa requiere un esfuerzo excesivo.


¿Tiene la culpa el FMI de que no haya cambio educativo?

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Hay un conjunto de motivos, que son ciertos, por los que una gran parte del profesorado piensa que actualmente no hay posibilidad de realizar cambios en las metodologías educativas y, por tanto, en el proceso de formación.

Podríamos denominarlo el modelo FMI. No, no voy a echar la culpa al Fondo Monetario Internacional. El modelo FMI sería el acrónimo de Financiación, Masificación e Informática.

Realmente la primera inicial sería una doble F: Financiación y Formación. No cabe duda de que cualquier cambio planificado debe llevar asociado un presupuesto para acometerlo y una formación para las personas afectadas por el cambio. Si el cambio que se pretende realizar es drástico y durante mucho tiempo se han venido haciendo las cosas de una determinada manera, además de incrementar la financiación y la formación habría que añadir el esfuerzo en romper la resistencia al cambio. Es el caso de la formación, las cosas se llevan haciendo de la misma manera durante décadas y el cambio necesario es drástico pero ¿realmente la doble F es motivo para que no se produzca el cambio?

La M de masificación. No cabe duda de que nuestras aulas están masificadas, tenemos más alumnos y alumnas (al menos en mi centro y universidad) de los que se supone que deberíamos tener para favorecer el aprendizaje centrado en el alumnado. No se puede personalizar, ni atender a la diversidad, ni tan siquiera realizar metodologías activas que impliquen la participación del alumnado. Pero  ¿realmente la masificación es motivo para que no se produzca el cambio?

La I de informática, o más bien de las tecnologías de la información. Su aplicación en la formación necesita un tiempo para comprobar su eficacia y consolidarla, en caso de que sean efectivas. Sin embargo las tecnologías de la información evolucionan muy rápidamente, de modo que cuando quieran estar consolidadas ya estarán obsoletas probablemente. Pero ¿la rápida evolución de las  tecnologías de la información es motivo para que no se produzca el cambio?

El modelo FFMI contiene poderosos argumentos para justificar la inmovilidad del sistema educativo y, de hecho, podría ser la causa para cualquier sistema. Sin embargo, hay un grupo de profesorado, un gran grupo que demuestra, de forma continua y sistemática, que eso no es cierto, que se puede cambiar sin que nos den financiación, sin formación institucional, sin importar la masificación y, por supuesto, utilizando tecnologías de la información como motor del propio cambio.

Por supuesto me refiero al profesorado innovador, ese que cambia el modelo, que consigue resultados, que lucha contra viento y marea y que demuestra día tras día que un cambio es posible.

El profesorado que innova realmente sabe cuáles son los motivos por los que no se produce cambio educativo y, hasta que los políticos y gestores académicos no les pregunten por esos motivos, todos seguirán pensando que la culpa la tiene el FFMI.